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martes, 4 de enero de 2011

10 + 10 con Monseñor Fabián



Caminando por la vida el hombre se encuentra con diferentes situaciones que muchas veces, son ocasionadas por la vida misma y muchas otras veces por el mismo hombre; situaciones que lo llevan a caminar por curvas peligrosas, subir cuestas agotadoras y bajar pendientes que aceleran las dificultades, pero siempre en cada uno de estos momentos se encuentran ángeles que rescatan al que sufre.

Yo, el que escribe estas líneas, después de haber caminado por túneles que estaba llenos de sufrimientos y tinieblas que duraron por varios años, me encontré con un hijo de Dios; cuyo nombre lo supe en seguida. Su nombre era Fabián Amaya, un hombre de mediana estatura, que se notaba serio pero que al romper el silencio se escuchaba la voz acogedora muy creíble, sincera, era un hombre que destruía y construía sencillo.

Después de unos años me incorpore al trabajo de la Iglesia, yo estuve un poco mas cerca de él. Cada vez iba descubriendo debajo de un manto sorpresas muy agradables, ya que él era un sacerdote al servicio de los pobres, él le ayudaba al que lo necesitaba. Él se quitaba su camisa para dársela al que no tenía.

Muy acogedor, muy hermano, hombre de fe. Es así como describo a ese hombre que luchaba por el más necesitado.

Quiero manifestarles, que muchas veces me extrañaba por que él, vestía ropas sencillas, sus sandalias gastadas, sus zapatos sin brillo; pero por dentro andaba en él al hombre fiel, al llamado de Dios para servir hasta dar la vida por el que él amo.

Dijo en ciertas ocasiones: “Amo tanto mi ministerio, que si muriera y volviera a nacer; volvería a ser Sacerdote”.

Recuerdo que en una ocasión, tuve el valor de decirle: Padre Fabián yo quiero ser su amigo, me volvió a ver y se sonrió.

Su despedida fue en su obra de constructor, en el último momento me envió con materiales para casas de unas familias en Shangallo, a mi regreso ya no estaba ¡se había marchado!

Hasta pronto, hasta luego Padre Fabián.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Monseñor Fabián Amaya Torres (1931-2001)


Nació el 19 de enero de 1931, en la ciudad de Chalatenango, siendo el último hijo de nueve. Sus padres fueron: don Cecilio Amaya y doña María Torres de Amaya.
Cursó sus estudios filosóficos y sus dos primeros años de teología en el Seminario San José de la Montaña, terminó su formación eclesiástica en la Pontificia Universidad de Comillas (Madrid, España). Fue ordenado sacerdote el 24 de marzo de 1957; estudió publicidad y radio en la Universidad de periodismo, anexa de la Universidad de Madrid.
Regreso a El Salvador en 1960, su trabajo pastoral lo desarrolló entre Chalatenango e Ilopango, en este último lugar se entregó durante 40 años, donde se caracterizó por ser una persona sencilla, pobre y muy humana; se entregó de manera especial e incondicional al servicio de los más pobres y marginados de la sociedad, caminando y acompañando en los momentos más difíciles a este su sufrido pueblo.
Aprovechó sus estudios de periodismo dirigiendo el periódico Orientación, siendo a su vez Vicario pastoral de la Arquidiócesis de San Salvador.
Monseñor Romero, lo nombró vicario episcopal del Departamento de Chalatenango, el cual le sirvió en su testimonio personal y vicarial.
Su ejemplo nos recuerda y nos anima a seguir sus pasos, pues él siempre fue perseverante en la construcción del Reino de Dios; asímismo donó su vida totalmente al mandato y voluntad de Dios sin esperar nada a cambio.
El sábado 12 de mayo de 2001, a la edad de 70 años, entrega su alma al creador dejándonos un legado espiritual profundo entre sus feligreses y una vida oblativa de amor a Dios y al prójimo.
Gracias Monseñor Fabián por su entrega incondicional a la construcción del Reino, esperando algún día encontrarnos en la gloria del Señor, hoy te recordamos como lo que eres y serás para nosotros: nuestro gran pastor.